jueves, 13 de septiembre de 2018

Hay cosas que parecen hechas para mi:

El mar,
la poesía,
los libros.

El cielo estrellado y el vino.
El café de la mañana.
El parque a la espera de una caminata.
La música con la que vibra el alma.
La flor que se abre al rocío.
El olor de la lluvia en tierra grata.
La casa donde habitan los sueños cumplidos.

En fin,
todas la cosas
que pudise compartir contigo
porque he comprendido que
no son las cosas sino tu...

La persona hecha para mi.



martes, 14 de junio de 2016

Canciones
Polvos
Conversaciones
Silencios
Miradas
Ciudades
...
Sigo sin poder escaparme de tí.

lunes, 17 de agosto de 2015

Flores para una tumba

Para esta entrada solo tengo el nombre. He pensado en ello desde tu partida ¿A dónde iré a visitarte? ¿Cómo he de hablar contigo ahora que estás tan lejos? Pero incluso desde entonces has llegado en los momentos justos, precisos y también inesperados.

El tiempo hace más larga la distancia y sin embargo, no te pierdo.

Aún así temo recorrer nuestros espacios sabiendo que ya no estás allí. Prefiero mantenerme unos metros fuera, e imaginar que aún allí están tus cosas, los miles de lápices y cuadernos a medio usar, un computador que al igual que tu nunca paraba, el olor a mandarina o quizás granadillas, y tu, a un paso de distancia.

Claro que lo anterior no significa que no comprenda que ya no estás aquí, tu ausencia es de las pocas cosas que tengo claras últimamente. Tal vez sea por eso que temo tanto a tus espacios, y prefiera alejarme a la locura de estar allí, juntas nuevamente.

El detalle está en que saberte ausente no suprime el deseo de conversar contigo. Como te contaba al principio, he pensado en ello desde hace casi un año. Comprarte flores, tal vez de esas con las que me he topado en tus garabatos en los cuadernos a medio llenar ¿Lirios tal vez? O quizá prefieras unas más coloridas, tal vez comestibles, por supuesto, de chocolate.

He pensado en si comprar todo un ramo, tal vez solo una y conversar un largo rato fuera de los espacios en los que me sueles visitar, debes reconocer que han sido un tanto raros. He sentido la urgencia de agarrar cualquier flor, de cualquier jardín e ir a reunirme contigo.

Nuevamente caigo en cuenta de que quiero flores para una tumba que no existe. Tu, como la canción que no es canción, ahora eres tiempo, eres espacio así que seguiremos en contacto desde adentro, donde también vives, donde somos lo mismo porque no solo fui bien entrenada, sin darme cuenta, fuiste también semilla que quedó bien plantada.




lunes, 3 de noviembre de 2014

Yo, que soy mala para recordar tantas cosas, recuerdo muy bien el día que nos conocimos. Ambos teníamos el hábito de ser puntuales, una virtud en aquellos días. No hablamos inmediatamente, tu llegaste acompañado y yo era tan solo una extraña en una amplia sala de espera, pero entonces hizo clic el destino y allí estábamos los tres cantando una canción que ya ninguno disfruta.
Es verdad que tengo mala memoria, no recuerdo más de esos primeros encuentros. No se que llevábamos puestos ni que discutíamos por ese entonces. Recuerdo sí, el teléfono, la pizza y el piano. Un cuaderno de dibujos que nunca conocí y la certeza de tenerte a mi lado.
Vino entonces la primera despedida. Pasó el tiempo y permanecíamos aun en la distancia. Y crecimos charlando de cosas que ya no importan y de otras que aun si quisiera olvidar, no podría. También creció el deseo y estas ganas de explorar juntos lo desconocido. Y un día regresaste.
Y fue una fiesta. Una que se repetía cada tanto, y mientras tanto, ¡Ironías de la vida! Estabas cerca y nos alejábamos.
Segunda despedida. Te extrañé como si hubieses estado a mi lado todos los días antes de tu partida, pero algunas veces la distancia era solo una palabra y ahí estábamos, uno al lado del otro, sin más.
Pasaron los años, entre cortas y largas distancias. A veces bastó solo una mirada para tenernos de frente, para acercarnos hasta borrar todo espacio que nos separara. Otras, otro cuerpo se interponía y aumentaba la distancia. Y otras, eras tu, tantas otras fui yo.
Pero esta vez, no hubo despedida, ni adiós ni hasta pronto, nada. Solo me pediste silencio y aquí estoy, extrañándote, sabiendo que lo que nos separa no se rompe. Es definitiva esta separación. No se si yo te haga falta, si aparezco de repente entre tus sueños, dormido o despierto, como apareces tu en los míos. Se con certeza que hiede tu ausencia como hieden los muertos, y que como ellos, lo que tuvimos está en el más allá, inalcanzable e irrepetible.
Supongo que esta es la despedida, aunque se lo diga al aire porque tu no estás para escucharla. Y es que no has escuchado tantas cosas que tengo para decirte, tenía. Algo hiede y se pudre así que debo enterrarlo. Adiós.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Ahora que extraño tanto, tal vez te extrañe más. Eres la distancia que pudiendo ser interrumpida sigue intacta.

sábado, 5 de abril de 2014

Fue amor. Por un instante nuestros ojos se encontraron y nuestro deseo esperó a que las miradas conversaran.

martes, 23 de abril de 2013

La perdí siendo niña. Se fue tras algún recuerdo o quizá persiguiendo un sueño, no lo se.
Se fue yendo despacito como los globos que se lleva la brisa. Mientras, yo la veía hacerse pequeñita al irse alejando. Y sí, a veces la evoco y es como tenerla aquí cerquita, entonces pienso que la llevo dentro... tal vez.
Quizá siga conmigo, sombra y presa de lo oscuro que hay dentro.