lunes, 3 de noviembre de 2014

Yo, que soy mala para recordar tantas cosas, recuerdo muy bien el día que nos conocimos. Ambos teníamos el hábito de ser puntuales, una virtud en aquellos días. No hablamos inmediatamente, tu llegaste acompañado y yo era tan solo una extraña en una amplia sala de espera, pero entonces hizo clic el destino y allí estábamos los tres cantando una canción que ya ninguno disfruta.
Es verdad que tengo mala memoria, no recuerdo más de esos primeros encuentros. No se que llevábamos puestos ni que discutíamos por ese entonces. Recuerdo sí, el teléfono, la pizza y el piano. Un cuaderno de dibujos que nunca conocí y la certeza de tenerte a mi lado.
Vino entonces la primera despedida. Pasó el tiempo y permanecíamos aun en la distancia. Y crecimos charlando de cosas que ya no importan y de otras que aun si quisiera olvidar, no podría. También creció el deseo y estas ganas de explorar juntos lo desconocido. Y un día regresaste.
Y fue una fiesta. Una que se repetía cada tanto, y mientras tanto, ¡Ironías de la vida! Estabas cerca y nos alejábamos.
Segunda despedida. Te extrañé como si hubieses estado a mi lado todos los días antes de tu partida, pero algunas veces la distancia era solo una palabra y ahí estábamos, uno al lado del otro, sin más.
Pasaron los años, entre cortas y largas distancias. A veces bastó solo una mirada para tenernos de frente, para acercarnos hasta borrar todo espacio que nos separara. Otras, otro cuerpo se interponía y aumentaba la distancia. Y otras, eras tu, tantas otras fui yo.
Pero esta vez, no hubo despedida, ni adiós ni hasta pronto, nada. Solo me pediste silencio y aquí estoy, extrañándote, sabiendo que lo que nos separa no se rompe. Es definitiva esta separación. No se si yo te haga falta, si aparezco de repente entre tus sueños, dormido o despierto, como apareces tu en los míos. Se con certeza que hiede tu ausencia como hieden los muertos, y que como ellos, lo que tuvimos está en el más allá, inalcanzable e irrepetible.
Supongo que esta es la despedida, aunque se lo diga al aire porque tu no estás para escucharla. Y es que no has escuchado tantas cosas que tengo para decirte, tenía. Algo hiede y se pudre así que debo enterrarlo. Adiós.