martes, 23 de abril de 2013

La perdí siendo niña. Se fue tras algún recuerdo o quizá persiguiendo un sueño, no lo se.
Se fue yendo despacito como los globos que se lleva la brisa. Mientras, yo la veía hacerse pequeñita al irse alejando. Y sí, a veces la evoco y es como tenerla aquí cerquita, entonces pienso que la llevo dentro... tal vez.
Quizá siga conmigo, sombra y presa de lo oscuro que hay dentro.


jueves, 21 de marzo de 2013

Tuya siempre


Alberto,

Es viernes y llueve. Regresé temprano del trabajo esta tarde, me sofocaban mis pensamientos, inventé algún dolor que ya no recuerdo y me vine a casa. Prendí el primer cigarrillo mientras preparaba el café. Oler la brisa fría y pensar, ahí viene. Ya a la segunda taza, tercer cigarro, llovía como si el cielo se hubiese tragado el mar de una sola bocanada.

Cuarto cigarro, siquiera compré antes de regresar, la tempestad sería otra sin el humo. Nada que hacer excepto ver barquitos de papel pasar por la canaleta que se forma naturalmente al borde de la casa. Los miro desde la ventana, vienen desde la esquina, la casa de Santiago, ya tiene 3 años. Han pasado cuatro. 
Servirme otro café.

Han pasado ya cinco horas de agua, ya los barcos no zarpan, debe estar dormido, es tarde. Sigo fumando mis penas, inhalar y exhalar el dolor, y el humo. Van quedando las sobras y las cenizas, como un patrón que se repite en todos los aspectos de mi vida.

¿Ya dije que han sido cuatro años?

No dejará de llover, me sirvo una copa y cambio de ventana. Hoy será una noche perdida, ya no vendrá, pero la esperanza me hace abrir la ventana de la alcoba, mirar la lluvia. ¿Y si viniera en uno de los barcos de Santiago? Pensar idioteces. ¡Mi celular! ¿Y si llamó y no me di cuenta? Esta mente.
Acá está, solo ha llamado mi madre. Debe ser por la lluvia ¿Quién podría salir a cualquier cosa con este diluvio? Quedé fundida de repente, soñé que paraba de llover y salía el arco iris. Tu estabas conmigo, lo atravesamos juntos. Escribir el sueño en el cuaderno que dejaste para mí. Increíble, aun llueve.

¿Y si en verdad se acaba el mar?

Volver a la ventana, un cigarrillo más. Se que me pediste que esperara. Dejo el cuaderno a quien lo encuentre. No puedo esperarte más sin seguir enloqueciendo. Saltar. Ojala tu si estés esperando.

Tuya nuevamente,

Mariana.

jueves, 21 de febrero de 2013

he usado tu carne, tus huesos. he creído tus mentiras, he caído en la trampa. he acariciado tus sueños, tentado tus deseos. he sido silencio, locura. gemido. he sido yo por ser tuya, ajena de mi, del tiempo. presa de tu carne, tus huesos.

viernes, 4 de enero de 2013


Ella sabe que no es el momento, que el silencio guarda para ellos la respuesta y que la pregunta debe macerarse por un tiempo, permitirse estar cómo con la duda para que un no o un si no la tomen por sorpresa, asi que ella espera, espera paciente mientras lo mira caminar de un lado a otro, buscando las llaves, la billetera, la camisa que llevaba puesta apenas horas antes. Él se va, y ella espera, y la pregunta queda allí inquieta, pero ella sabe que él volverá.