jueves, 25 de marzo de 2010

Otra vida (I)

Te dibujé como te recordaba de antes. Era una tarde gris cuando tu vestido amarillo cruzó por la puerta de la escuela. Aun caían lágrimas por tus mejillas y tus ojos reflejaban entonces el mar de tu existencia, como si todo tu futuro y tu pasado se concentrara en tus ojos, esas pupilas que ya entonces adivinaban tus adicciones y observaban al mundo como lo has observado siempre: con la incomprensión y el asombro de un alma niña en una vejez constante. Y ese vestido amarillo. El vestido que aun llevas puesto cada vez que te miro asomada en mi ventana intentando aplacar el silencio, gritando a todo pulmón que sigues viva y solicitando como demanda de vida que te deje crecer y seguir adelante.
Encontrar el punto exacto de la historia en el cual tu vida se detuvo, en el cual te convertiste en otra y empezaste a vivir la mentira en la que te convertiste para los demás. Mientras que el vestido amarillo se quedaba cautivo en tu alma niña y la mujer creció distante de su pasado, escondiendo las lágrimas que la rodearon esa tarde gris y que ahora es solamente lluvia que va y viene, y de la que no escapas.
Encontrar la salida a tu silencio y dejar correr tu voz y tu grito, grito de independencia, de libertad, de furia agotada por el paso de las horas, de los instantes que se te escapan.
Encontrar tu dibujo entre las sombras y hacer realidad el sueño de tu alma niña, y seguir vistiendo de amarillo.